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Los derechos del niño

 por Ana Pérez Guardiola

No vamos a analizar hoy la crisis de la familia patriarcal que exige leyes protectoras de la infancia; ni, tampoco, las presiones que los niños del mundo padecen, poniéndose en peligro la vida de la humanidad. No centraremos este articulo en los niños de la calle que sufren un proceso de socialización marginante, ni, si quiera, de los efectos que conductas equívocas de padres pueden provocar en la salud mental de sus hijos. Hablaremos de los Derechos del Niño.

  

En primer lugar, hay que decir que la Convención de los Derechos del Niño es un tratado adoptado por las Naciones Unidas en 1989 sobre los derechos fundamentales de la infancia y es, de todos los tratados existentes en el mundo, el mas ratificado. Esta Convención entiende por niño a todo ser humano menor de 18 años.

Entendemos todos que estos derechos existen para evitar que se maltrate la infancia como en épocas pasadas, que los niños mas necesitados de los países en desarrollo carezcan de lo esencial para vivir, que los pequeños de nuestras ciudades crezcan desamparados; pero no caemos en la cuenta que los Derechos del niño son para todos, para nuestros hijos también.

Consciente o inconscientemente los relegamos al rincón más oscuro de nuestra memoria porque... 'a nuestros hijos no les falta nada'. Tememos que nuestra autoridad quede mermada y no funcione el 'aquí se hace lo que yo digo'; y, mas aun, que su conocimiento provoque el abuso de nuestros hijos.

Todos estos temores pueden desvanecerse si entendemos que educación y derechos no entran en conflicto, pues la Convención no solo respeta sino que potencia el papel de la familia. 'Los Estados Partes respetaran las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres... de impartir al niño, en consonancia con la evolución de sus facultades, dirección y orientación apropiadas' (Art. 5).

Si, como padres, estamos dispuestos a asumir nuestra responsabilidad, debemos acometer ciertos cambios en la relación con nuestros hijos, sin caer en el error de interpretar literalmente un articulado que generara serias dudas en nuestros comportamientos.

Por todo lo anterior, vamos a analizar aquellos aspectos que pueden provocar mas desconcierto.

- Los niños tienen derecho a conocer sus derechos.

Ayudar a un niño a comprender sus derechos no significa que se le deba incitar a hacer elecciones cuyas consecuencias no puedan asumir. La Convención recomienda a los padres que actúen 'en consecuencia con la evolución de sus facultades' (Art. 5). Cuando los padres ayudan al niño a comprender sus derechos, sus deberes y a respetar los derechos de los demás, establecen las bases de una vida adulta y responsable.

- Los niños tienen derecho a expresar sus opiniones.

El articulo 12 garantiza al niño el derecho de expresar su propia opinión. Esto no quiere decir que el niño pueda discutir a los padres lo que tienen que hacer; pero, si, que escuchen las opiniones de sus hijos y las tengan en cuenta 'en función de la edad y la madurez del niño', que va formándose conforme va creciendo.

- Los niños tienen libertad de pensamiento de conciencia y de religión.

Este derecho puede crear una situación confusa a la hora de transmisión de valores religiosos y morales. La Convención respeta el derecho de los padres de orientar a sus hijos en ese campo; pero establece que conforme él niño va desarrollando sus facultades, probablemente, cuestionara algunas practicas religiosas o tradiciones culturales (Art. 14).

- Los niños pueden rebelarse contra la violencia de los castigos.

Compete a cada Estado establecer leyes contra cualquier castigo que lleve consigo violencia perpetrado por padres, madres o cualquier otra persona. Es posible aplicar la disciplina recurriendo a medios que tengan en cuenta el desarrollo del niño. De esta manera, el niño aprende como comportarse. La Convención no especifica los tipos de castigo; pero pone especial énfasis en el papel de los padres como guías y orientadores. La disciplina debe administrarse de modo compatible con la dignidad del niño (Art. 19).

- Los niños y las tareas domesticas.

Velar contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que sea nocivo para su salud o entorpezca su educación esta contemplado en el artículo 32. Pero no se pretende en ningún caso regular los pormenores de la vida familiar. No contiene ninguna disposición que prohíba al niño participar en las tareas domesticas siempre que estas carezcan de peligro y sean propias de su edad.

En ningún caso, deben hacer los padres caso omiso de las leyes nacionales que reglamentan el trabajo de menores ni contravenir el derecho, al descanso, al esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas.

Llamada a la reflexión

La Convención de los Derechos del Niño no constituye una amenaza, sino una llamada a la reflexión para educar a nuestros hijos 'en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad'. Valores que potenciaran el desarrollo integral de nuestros hijos que vivirán en una sociedad mas sana y justa, donde sus derechos y los nuestros no entran en 'conflicto'.

 

Ana Pérez Guardiola.
Vicepresidenta de UNICEF
 

 


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