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¡ Gracias , mamá !

 por Dr. Antonio M. Redondo Romero

¡ Gracias , mamá !
 
“Quien educa a un niño, educa a un adulto; quien educa a una madre, educa a una familia”. Esta frase de I. Alberdi podría resumir la trascendencia que tiene para cada hijo el papel de su madre, a nivel educativo, sin menospreciar en absoluto el papel del padre, del resto de su familia, de su centro educativo, del entorno, de sus amigos y de los medios de comunicación.
 
La madre – que como mujer tiene la capacidad de dar la vida – contribuye, con su modelo y sus normas, al crecimiento de sus hijos y asume, mayoritariamente, la responsabilidad de asegurar la prosperidad de su familia, de la sociedad, de la nación y de la humanidad entera.

El Diccionario de la Lengua Española (22ª edición) dice que “educar” es, entre otras interpretaciones, “dirigir, encaminar, adoctrinar; desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.”.
 
 
La familia
 
La familia, bien liderada, va a ejercer un papel insustituible y podrá ser la guía que acompañe a un hijo desde el nacimiento hasta que logre su autonomía plena, al final de la adolescencia; se va a convertir en un centro de operaciones, donde se imparte la primera educación y que va a influir sobre la personalidad del menor (J. A Echeverri).
Ser padres, como dice I. Alberdi, es algo más que traer hijos al mundo y tanto los padres como las madres comienzan a sentirse responsables del bienestar de sus hijos y esta responsabilidad se va acrecentando hasta cubrir no sólo las necesidades económicas básicas de supervivencia sino otras necesidades de educación, de preparación para la vida y de demandas afectivas. La razón de ser de la familia actual, además de dicha supervivencia y protección, es la búsqueda de la felicidad.
 
 
La madre y la educación sanitaria
 
Se considera que las acciones más eficaces de educación sanitaria son las desarrolladas en la infancia y en la adolescencia, ya que se actúa sobre individuos y grupos en períodos de formación mental y social, y por lo tanto son muy receptivos y capaces de adquirir conductas positivas de salud. Pero si hay alguien tanto o más receptivo de la información que tiene que ver con la salud infantil son los familias y, de forma especial, las madres. Por ello los adecuados conocimientos y actitudes sanitarias, adquiridos mediante educación sanitaria, son básicos a la hora de desarrollar cualquier programa de salud infantil; de hecho cuando tienen esa información les va a resultar mucho más fácil actuar con seguridad, dando menos importancia y dramatizando menos en los momentos de fricción, al poder considerarlos como “normales”.
 
Aunque la madre sea, en general, la más receptiva, la educación para la salud hay que dirigirla a todos los miembros de la familia, desde los padres, los hijos, los abuelos o todas aquellas otras personas que estén en el entorno familiar, tengan o no lazos de consanguinidad.
Con toda esa información se va intentar contrarrestar toda la otra que hayan podido recibir como transmisión cultural – a veces errónea-, a través de los medios de comunicación –que no siempre es coherente- o por la publicidad, cuyo interés es exclusivamente comercial.
 
La realidad nos demuestra a los pediatras -día a día- que, en gran medida, son las madres las que acompañan a sus hijos a nuestras consultas y las que asumen y facilitan el cumplimiento de nuestras indicaciones o tratamientos.
 
 
Dr. Antonio M. Redondo Romero
Pediatra.
Hospital Internacional Medimar. Alicante

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