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El lactante regurgitador (I)

 por Dr. Miguel Muñoz Carratalá

Una de las consultas más frecuentes en la práctica pediátrica es la del lactante que siempre está regurgitando (es decir expulsando sin violencia el alimento por la boca).
 
Tras ser masticados, los alimentos pasan al esófago, al final del cual se encuentra una válvula (esfínter) que está abierta y permite la entrada al estómago; cuando termina la comida dicha válvula se cierra para que los alimentos no refluyan hacia la boca. Como todas las funciones corporales, ésta también va madurando con la edad siendo muy frecuente que dicha válvula permanezca más o menos abierta en los primeros meses de vida; esto se va a traducir en la existencia de regurgitaciones y, ocasionalmente, vómitos en muchos lactantes.
A esta situación de “deficiente” funcionamiento del esfínter se le denomina “Reflujo gastroeso-
fágico” (RGE), pudiendo distinguir:
  1. RGE fisiológico, cuando no afecta a la salud ni al crecimiento del lactante. Constituye con diferencia el grupo más numeroso.
  2. RGE patológico en el que existen complicaciones, fundamentalmente:
    • Escasa ganancia de peso
    • Problemas respiratorios (tos, bronquitis…) por paso de contenido alimenticio al árbol respiratorio.
    • Esofagitis, es decir inflamación de la mucosa esofágica producida por el paso de ácido desde el estómago. El lactante lo suele manifestar con irritabilidad y rechazo del alimento (sería el equivalente a la acidez del adulto).
    • También se considera patológico, cuando persiste más allá del año de vida.
 
¿Cómo se puede diagnosticar un RGE?
Existen distintas pruebas que nos permiten llegar al diagnóstico, pero como generalmente son costosas y algunas no están exentas de efectos indeseables; deben restringirse a aquellas situaciones en que se sospeche un RGE patológico.
 
  1. Tránsito esofago-gástrico: consiste en administrar una papilla de bario y ver el paso de la misma a través del esófago y el esfínter GE. Hay que hacer varias radiografías en distintos momentos y posiciones, lo que supone una dosis de radiación no desdeñable. Además no diagnostica todos los casos de RGE. A pesar de estos inconvenientes es el método que se ha utilizado con más frecuencia, aunque va perdiendo predicamento ante otras técnicas más modernas, sensibles e inocuas.
  2. Ecografía: su aplicación en el diagnóstico del RGE es relativamente reciente. Tiene como ventaja la ausencia de radiación pero requiere bastante tiempo y experiencia, además no proporciona una información completa.
  3. pH-metría: se introduce un pequeño electrodo en el esófago y durante 24 horas se registran los cambios de pH. Cuantos más periodos de acidez (pH bajo) mayor intensidad del RGE, ya que el pH del estómago es más bajo que el del esófago. Se considera la prueba más completa pero es cara y compleja.
  4. Endoscopia: permite ver el estado de la mucosa introduciendo un pequeño tubo en el esófago. Se realiza únicamente si se ha demostrado un RGE mediante pH-metría y hay síntomas de esofagitis.
  5. La manometría ( que evalúa la presión a nivel del esfínter) y la gammagrafía ( que utiliza contraste marcado con una sustancia radioactiva que puede ser seguida en su paso por el esófago) son pruebas sofisticadas y caras por lo que no están indicadas más que excepcionalmente.
  6. Por último, no hay que olvidar otras patologías (intolerancias alimentarias, infecciones…) que también pueden cursar con los mismos síntomas y que requerirán, cuando sea necesario, los pertinentes exámenes complementarios para descartarlos.
 
                                                                                             Dr. Miguel Muñoz Carratalá
                                                                                                        Pediatra - Alicante

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