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Importancia de los hábitos alimentarios

 por Dr. Antonio Redondo

La buena alimentación durante la infancia es necesaria para lograr un estado de salud y un desarrollo óptimo, siendo a la vez útil para prevenir enfermedades de alta incidencia en edades posteriores (hipertensión, obesidad, cardiopatía,..).

Entre los uno y tres años existe una etapa de transición bien diferenciada que va desde la etapa de crecimiento acelerado del primer año de vida, y el crecimiento estable que ocurre desde los tres años hasta la pubertad. Es por ello que, como los requerimientos de energía son menores, puede disminuir el apetito sobre todo si se compara con la época de lactante.

Al principio el niño quiere coger, probar y tocar todo tipo de alimentos, cambiando esa conducta a partir de los 2-3 años en que empieza a tener preferencia o rechazo a por determinados alimentos. En estos años es importante cuidar tanto la cantidad como la variedad de los alimentos consumidos, así como las actitudes y comportamientos de los padres.

Cuando se inicia la socialización en otros medios (familiares, escolares,..) pueden ejercer notable influencia sobre su dieta al incitarle al consumo de dulces, bollería, chocolate o golosinas que les resultan más atractivos que la comida 'normal'. Desde ese punto de vista el comedor escolar puede ser utilizado en positivo como instrumento de educación nutricional.

Como vemos, la alimentación se halla sometida en el niño a un continuo proceso de aprendizaje, siendo durante la edad infantil cuando se adquieren los hábitos alimentarios que se van a mantener durante toda la vida, y que tanta repercusión van a tener en la edad adulta. La modificación de dichos hábitos en edades posteriores va a ser muy difícil.

El hijo debe formar parte de la 'mesa familiar', siempre que el horario laboral de los padres lo permita, ya que con la observación y la imitación se contribuye a la formación de aquellos hábitos alimentarios más adecuados. Comer despacio y masticar correctamente favorecerá una buena digestión.

Recordar que la televisión no debe formar parte de la mesa familiar, y que debe haber un tiempo para cada actividad: para jugar, para ver la tele, para comer.....En general la madre habrá decidido lo que se come; primer plato, segundo, postre; el niño no se levantará de la mesa hasta que los padres lo hayan decidido.

En el caso de que el hijo o la hija se quede a comer en el comedor escolar, los padres deben preocuparse de que le sirva de ayuda para la creación de hábitos, pero teniendo siempre presente que son ellos, los padres, los que deben realizar el papel más importante. Aquí también un ejemplo vale más que mil palabras.

La comida entre horas, el picoteo, es un mal hábito dietético que se puede pagar con falta de apetito, sobrepeso o caries.

La publicidad, en especial la televisiva, ejerce gran influencia en la creación de hábitos dietéticos en los más jóvenes de la casa; de ahí la importancia de nuevo del papel moderador de la familia.

 

 

LA DIETA ha de ser apetecible, variada y de preparación sencilla, valorando las costumbres, gustos y condicionamientos sociales del menos.

En la elaboración de la dieta hay que utilizar todos los grupos alimentarios:

Leche o derivados lácteos,

Carne, pescado y huevos

Legumbres

Verduras y hrtalizas

Frutas

Pan y pasta

Grasas y aceites

Agua

 

LOS PADRES DEBEMOS RECORDAR :

* No se debe utilizar la alimentación como medio de 'recompensa' o 'entretenimiento'.

Comer es un placer más que una obligación; por ello es importante cuidar la mesa, los utensilios, la presentación de los platos,..

Cuando llega el momento de los caprichos (2-3 años) no hay que ceder ante ellos ya que provocaría una dieta defectuosa. Como dichas 'fobias' o 'apetencias' no son permanentes se les debe seguir ofreciendo todo tipo de alimentos, de forma progresiva, para que , poco a poco, vayan siendo aceptados, logrando así un mejor aprendizaje alimentario. Hay que aprovechar el inicio de las comidas para introducir los nuevos alimentos, ya que es cuando el niño tiene más apetito.

Si un niño está cansado, con sueño o sobreestimulado como conseccuencia de sus juegos, puede no querer comer. No estaría de más dejar que pase un rato, evitando forzarle.

Lo ideal es que la comida no se prolongue más de media hora, ya que de otra forma se convertirá en un suplicio para el niño. Transcurrido un tiempo prudencial se le cambia al siguiente plato sin ningún tipo de drama, ni comentarios. Eso sí, no se le debe dar nada de comer hasta la próxima comida.

 

 

 

 

Dr. Antonio Redondo

Pediatra

Presidente de la Asociación de Pediatría Extrahospitalaria de la provincia de Alicante


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