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Signos de alarma en el desarrollo psicomotor

 por MARA GABARRON

     La psicomotricidad se dedica a la observación de los movimientos visibles y a conocer los estados y factores que los determinan, como puede ser la tensión afectiva, la voluntad, etc. Hay que considerar que el desarrollo psicomotor de todo niño o niña es un proceso progresivo, aunque no obstante, dominado por el fenómeno de la maduración. De este modo, es un proceso integral donde es difícil separar la parte física de la psíquica.

      Entre los individuos de una misma edad hay importantes diferencias, pero también hay factores de igualdad y uniformidad. El nivel de desarrollo neurológico y muscular impone idénticas limitaciones a los niños de una determinada edad, o les abre en el mismo momento perspectivas de nuevas actividades. Esto nos permite establecer elementos de semejanza que autorice a realizar generalizaciones de conductas por periodos determinados de tiempo. Nos fijaremos, de forma especial, en cuatro campos de conducta que casi globalizan la integridad del individuo: las características motoras, la capacidad de adaptación, la conducta personal social y el lenguaje.

      Durante el primer año de vida, el bebé desarrolla sus funciones básicas y experimentan una rápida transformación. Pasa de una actividad motórica refleja a una progresivamente voluntaria, y de una dependencia absoluta del adulto a una relativa independencia, sobre todo en la observación, manipulación y capacidad de traslado. Empieza a tener conciencia de si mismo, gracias a poder diferenciar sus propias emociones y a tener un contacto cada vez mas rico con el mundo que le rodea.

      A lo largo del segundo año de vida sigue su desarrollo motor, al igual que en las tareas del conocimiento y autoafirmación, en las que se ve beneficiado por haber ampliado su campo de acción y mejorado su habilidad manual. Las conductas imitativas son fuente de aprendizaje, tanto en el mundo material como social que le rodea. Llega a sorprender su capacidad de comunicación con gestos y con palabras, y adquiere progresivamente conciencia de su cuerpo y de su propio 'yo'. Poco a poco el ritmo de desarrollo se hace mas lento, y a medida que aumenta la edad se requiere un lapso mas largo de tiempo para alcanzar un grado de madurez proporcional.

      Signos de alarma

      Las familias han de tener presente determinados signos de alarma, que deben provocar la consulta con un profesional. Si a los:

      - 3 meses: no sonríe, no fija la mirada o no mantiene su cabeza.

      - 6 meses: no sigue un objeto con su mirada, no tiende a coger objetos que están a su alcance o no usa cualquiera de los dos manos.

      - 9 meses: no se mantiene sentado sin apoyo, no explora su entorno, no manipula objetos o no intenta articular ninguna palabra  de dos silabas.

      - 12 meses: no se mantiene de pie, sin apoyo, sin caminar, no busca la comunicación con adultos, o no explora nuevos juguetes y objetos desconocidos.

      - 18 meses: no camina solo, no identifica nombres de objetos o personas familiares.

      - 24 meses: no sube o baja escalera solo, no construye frases de varias palabras o no obedece ordenes sencillas.

      Quisiera hacer especial referencia a dos actitudes muy frecuentes por parte de los padres, y que son consideradas como interferencia constante en el trabajo de especialistas, así como de mal pronostico en cuanto al adecuado proceso de abordaje clínico-terapéutico de los niños con dificultades en su desarrollo psicomotor.

      - La actitud de negar la evidencia del problema. Esto se manifiesta en la insistencia de que como no existen pruebas físicas de lesiones orgánicas, se niega la existencia del retraso en el desarrollo psicomotor.

      - Los padres, muy angustiados por el problema, que insisten en exhaustivos estudios físicos y pruebas complementarias costosísimas, incluso agresivas para el niño (TAC, electroencefalograma, resonancia nuclear, electromiografía, etc) cuando son probadamente innecesarias en muchos de los casos.

       - Estas actitudes deben ser correctamente orientadas por el pediatra, psicólogo y/o profesional encargado del caso, a través de una información clara, correcta y bien orientada hacia las diferentes alternativas de intervención psicoeducativa de cada caso.

                                            MARA GABARRON

                                      Psicología clínica.

Unidad Salud Mental Infantil.

                                 Hospital General Universitari d`Elx

 


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