¿No le recetas un antibiótico?

Por Dra. Lourdes Giner Pérez

Últimamente, es probable que influída por la situación de pandemia que vivimos, en la que la palabra neumonía o infección respiratoria están más presentes que nunca, me encuentro con que muchos padres me insistís en que le paute un antibiótico a vuestros hijos, especialmente si éstos se encuentran con fiebre. 

   Para nosotros, los médicos (y no hablo solo de pediatras) aunque no lo creáis, lo más sencillo sería recetarlo y evitar así vuestro pesar. Pero, sin ir más lejos, esa no es nuestra labor. Nuestra labor debe ser cuidar de vuestros niños. Por ello, he creído oportuno sacar el tema, por su vital importancia y porque siento que a veces, por las prisas del día a día, ya sea en el centro de salud o en el hospital no os damos todas las explicaciones oportunas.

   Los antibióticos son fármacos que colaborando con nuestro sistema inmunitario son capaces de luchar contra un tipo concreto de microorganismos, las BACTERIAS. Así que, los utilizaremos en infecciones en las que sospechemos que el causante es una bacteria. Os preguntaréis en qué nos basamos a la hora de decidir si darlo o no, y la respuesta es que nos servimos de los síntomas que nos contáis y de los signos que vemos mediante la exploración física, ambos imprescindibles a la hora de hacer una buena historia clínica que nos permita tomar decisiones.

   Que un niño tenga fiebre o “mocos verdes” no implica que sea necesario recurrir a un antibiótico. En pediatría, la mayoría de las infecciones están producidas por virus, éstos, tienen unas características y una composición muy distinta a la de las bacterias, motivo por el cual no se curan utilizando antibióticos. Siempre existe la posibilidad de que una infección se complique, por ello, creo que es fundamental que os expliquemos cuáles son los signos de alarma que debéis vigilar en casa. Ante cualquier cambio, se puede reevaluar la situación, para eso estamos.

   El uso excesivo, en ocasiones injustificado de los antibióticos, nos ha llevado a ser uno de los países europeos con más resistencias bacterianas. Cuando una bacteria vive de forma prolongada en un ambiente con estos medicamentos, hace que toleren su presencia sin sufrir daño alguno. Esto nos obliga a recurrir a otros antibióticos más potentes para conseguir la curación, lo que conlleva reducir herramientas disponibles para la lucha y aumenta el riesgo de efectos secundarios. No hay que olvidar tampoco que existen bacterias beneficiosas, que son necesarias para muchas funciones del organismo, un antibiótico acaba con las bacterias que producen enfermedad sí, pero también con aquellas que nos son favorables. 

   Espero que con esta breve y humilde explicación entendáis nuestra insistencia en su buen uso, necesitamos que esos fármacos qué tanto han ayudado nos sigan siendo útiles por el bien común, y eso solo se consigue utilizándolos cuando corresponde y cumpliendo correctamente el tratamiento cuando el médico los recomienda.

   La responsabilidad es de todos.

Dra. Lourdes Giner Pérez. Pediatra. Benidorm

www.lourdesginerpediatra.com

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