EN CASA … MEJOR SIN MALOS HUMOS por Dra. Julia Andreu

 

 A la consulta de Pediatría de Atención Primaria acuden a diario niños y niñas acompañados por sus padres y sorprende el olor a tabaco que con relativa frecuencia notamos en éstos últimos.

El tabaquismo es un problema de ámbito mundial, afectando, según últimas cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a mil millones de hombres y a 250 millones de mujeres en nuestro planeta aproximadamente. Es la primera causa de muerte evitable en los países occidentales, y uno de nuestros principales problemas de salud pública. La gran mayoría de la población de nuestro medio, fumadores y no fumadores, conocen las consecuencias negativas de este hábito en nuestro organismo.

Recientemente se ha celebrado la XVII Semana Sin Humo, y con este motivo nos gustaría hacer hincapié en los efectos nocivos del tabaco sobre las personas que conviven con uno o varios fumadores, y en especial a los niños.

Los niños están expuestos desde muy pequeños a la promoción y márketing del tabaco, con imágenes y publicidad diaria que incitan y apoyan este consumo. En un alto porcentaje de casos, es un hábito que se adquiere en la adolescencia, y   un factor de riesgo para el consumo de marihuana y otras drogas.

Pero no sólo estamos influyendo y favoreciendo futuras adicciones; la principal causa de contaminación ambiental de la vida de niños y niñas es la convivencia con padres y familiares fumadores siendo esta exposición similar al consumo por parte del niño de 4-10 cigarrillos por día, o de 60-150 cigarrillos por año.

Casi la mitad de los niños que nunca han fumado son fumadores pasivos. Según la “Encuesta Mundial sobre el Tabaco y los Jóvenes”, el 46.8% de los niños están expuestos en su propia casa al humo ajeno, y un 47.8% lo están fuera de ella.

Existen estudios que ponen de manifiesto el incremento del riesgo de padecer enfermedades agudas del tracto respiratorio, otorrinolaringológicas, procesos tumorales en niños, muerte súbita en el lactante y otras enfermedades en los niños que están expuestos de manera pasiva al humo del tabaco.

Por ejemplo, los niños fumadores pasivos padecen un 70% más de infecciones  de las vías respiratorias altas que los no expuestos.

Se ha calculado que el 42% de los niños que padecen una enfermedad respiratoria crónica, son fumadores pasivos, relacionándose directamente con la cantidad o el consumo de tabaco que realizan los familiares con los que convive.

Abandonar el hábito tabáquico es una tarea muy difícil. Así como intentar inculcar una vida sana a los hijos. Por eso nosotros, como pediatras y personal sanitario, debemos hacer un esfuerzo para sensibilizar a estos padres, dando apoyo e información, trabajando la motivación, la autoayuda y el refuerzo cognitivo y proponiéndoles alternativas reales y alcanzables.

Realizando todo esto desde la edad pediátrica podremos preservar con mayor seguridad la salud de nuestros pacientes, e incluso ayudar a esos padres al abandono del hábito tabáquico de manera definitiva.

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