Golpes y heridas en la infancia

 por Eva M. Rubio Calduch

Las caídas y los golpes son riesgo inherente a la actividad infantil. En la mayoría de los casos no revisten gravedad. Pese a ello, son un motivo frecuente de consulta ya que son mas del 75% de todos los accidentes en la infancia. No hay que considerar que los accidentes son inevitables pues en todos ellos hay factores sobre los que es posible actuar. Así, el mejor tratamiento frente a un accidente es evitarlo. La prevención es vital en una familia con hijos.

 Cuando un niño sufre un accidente, lo más importante es saber conservar la calma. La gravedad del suceso no depende tanto del llanto o de la presencia de sangre, como del tipo de accidente y del estado del niño después del mismo. Algunos signos de alarma son la perdida de conciencia, el dolor intenso y localizado, o la deformidad de un brazo o una pierna. Si se acude a un servicio médico habrá que informar donde y con que se lesionó el niño para valorar el riesgo de infección o descartar la existencia de lesiones ocultas más graves. Es importante indicar el estado de vacunación del niño y sus alergias conocidas a medicamentos, antisépticos, yodo o esparadrapo. No olvidaremos dar un analgésico, como el paracetamol, si el dolor es importante.

En brazos y piernas

Si el golpe afecta a las extremidades (brazos o piernas), procuraremos inmovilizar el miembro, especialmente si sospechamos fractura. En otro caso, lo mantendremos elevado para evitar la hinchazón por edema o hematoma y aplicaremos frió local (cubitos de hielo envueltos en un paño). De poco sirven las tan utilizadas pomadas trombolíticas.

En la cabeza

En caso de traumatismo craneoencefálico (golpe en la cabeza), contactaremos con el medico si el niño ha caído desde una altura superior a la suya, si observamos una tendencia al sueño mayor de lo habitual o a despertar de modo incompleto, si presenta vómitos repetidos o palidez excesiva, si tiene dolor de cabeza intenso, debilidad o mareos en aumento, si mueve de una manera anormal ojos, cara o cuerpo, si se queja de problemas en la visión, si emite líquidos por oídos o nariz, o si se nota algún tipo de rigidez o dolor de cuello.

Piel lesionada

Si la piel se lesiona, hablamos de una herida. Hay que eliminar de su interior todos los cuerpos extraños (gravilla, hierva, suciedad, cristales...), lavarla con agua y jabón, y protegerla con una gasa o un paño limpio. Si la herida es superficial, puede usarse un antiséptico suave. No se debe utilizar algodón para curar la herida porque sus hebras pueden quedar incluidas y dificultar la cura y la cicatrización. Si la herida sangra, se debe ejercer una presión moderada. En los cortes del cuero cabelludo, la hemorragia suele ser intensa por lo que abr que taponar con firmeza. En todos los casos es importante consolar y tranquilizar al niño, colocándolo sentado o tumbado boca arriba, caliente y cómodo. La sutura de las heridas que lo precisen debe realizarse cuanto antes, para evitar la infección y mejorar el proceso de cicatrización.

Traumatismos faciales

Mención a parte merecen los traumatismos faciales, tanto por su frecuencia como por su importancia estética. Además pueden comprometer a los órganos de los sentidos. Casi todos los niños se lesionan la cara varias veces en su vida y en pocas ocasiones requieren atención medica. Así, los golpes en la nariz, solo deberán ser valorados ante la presencia de inflamación, deformidad o dificultad de la entrada de aire. Si se produce hemorragia nasal, el pinzamiento continuo con dos dedos durante 5 a 10 minutos detendrá el sangrado en casi todos los casos. Las heridas en los ojos deben revisarse cuanto antes. Ante un traumatismo dental, la rapidez del traslado al dentista influye en el pronostico. Si un diente definitivo sufre arrancamiento completo, debe trasportarse envuelto en unas gasas o pañuelo limpio, empapado con leche, suero fisiológico o agua, o bien dentro de la boca de un adulto. Los golpes que provoquen hinchazón o hematoma en las orejas también deberán ser vistos por el medico.

Recordar siempre estas normas: mantener la calma, comprobar el alcance de las lesiones, acudir al medico en caso de duda y, lo más importante de todo, prevenir los accidentes, lo que depende principalmente de vosotros, los padres.

Eva M. Rubio Calduch.

Pediatra. Alicante

 

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