Por una calle segura

por Dr. Antonio Redondo

La calidad de vida de las familias, en general, unida a una atención sanitaria universal está repercutiendo en un mejor estado de salud de los más jóvenes de la casa. Pero –siempre hay un pero- nos seguimos encontrando una parcela importante en la que sólo encontramos ascensos negativos en las estadísticas: los accidentes. El número de accidentes se eleva a la par que aumentan tanto el grado de desarrollo de la sociedad como el de urbanización de las ciudades.

Se podría asegurar que casi nunca un accidente infantil ocurre por fatalidad o por mala suerte, sino más bien por la coincidencia de los tres siguientes factores: la conducta de un niño, el lugar donde ocurre y el agente o motivo que lo ocasiona.

Mientras que en los menores de 5 años más de la mitad de  los accidentes ocurren en el hogar, cerca de un 11% en el entorno de la escuela/guardería y casi un 20% en plena calle, en los mayores de esa edad los problemas de la casa se van traspasando a la calle, alcanzando su máximo nivel cuando llega la adolescencia.. De ahí la importancia que las medidas de seguridad que tomen los organismos responsables sean cada vez más eficaces, y por otro lado que las familias tomen una postura más activa en la educación y en la prevención. No sólo servirá proporcionarles información de los riesgos que sus hijos puedan sufrir, dependiendo de su edad, sino además hacerles ver la necesidad de cambiar los hábitos de seguridad en todos los lugares, para lograr no sólo una casa , sino también una “calle segura”.

El papel de la familia y educadores iría encaminado a formar a los niños sobre los cuidados a tomar, para que poco a poco vayan aprendiendo la conducta a seguir en las situaciones de riesgo, enseñándoles el peligro y la forma de evitarlos. Los hijos aceptan mejor las normas de los “mayores” cuando ellos tiene la posibilidad de participar,  razonando y comprendiéndolas en hechos concretos de la vida cotidiana.

DÓNDE ACTUAR

Un paseo puede ser una buena estrategia para enseñarle lo más importante de la educación vial. Cuando quieran cruzar una calle, les indicaremos que deben hacerlo si es posible por los pasos de peatones, pero recordándoles que aunque ahí los peatones tiene preferencia, dicho paso no siempre es respetado por los conductores; así que , por precaución, antes de cruzar siempre mirar a ambos lados para confirmar que no viene ningún vehículo.

Han de conocer el funcionamiento de los semáforos: rojo, ámbar y ¡verde! ; ahora cruzamos. Siempre, siempre hay que esperar a que esté en ”verde”, aunque alguna vez tengamos mucha prisa.

La calzada no se utilizará para caminar, ya que para ello está la acera que es mucho más segura. Los niños siempre por la parte interior de ésta, y si son muy pequeños de la mano de sus padres. La acera no es el lugar para jugar.

Cuando bajen de un coche, utilizarán en todas las ocasiones la puerta que está próxima a la acera.

Si somos conscientes de la existencia de algún punto de riesgo se los indicaremos repetidamente.

Los niños son absolutamente espontáneos en su juego. Por eso les explicaremos qué lugares utilizar y cuáles no, para sus juegos. Lo ideal es que la zona de juegos esté situada lejos de vías abiertas al tráfico. Les encanta jugar a la pelota, pero deben de hacerlo en lugares seguros. Los conductores  no deben olvidar que tras una pelota suelta en muchas ocasiones vendrá un niño detrás.

Patines, patinetes o monopatines, además de acompañarse de cascos y rodilleras protectores, no se utilizarán por aceras o calles abiertas al tráfico.

Los primeros paseos en “bici” podrían ser en compañía de “mayores”, que aprovecharán para instruir en normas de tráfico, zonas de riesgo  y que sepan que tienen que evitar áreas con circulación rodada, carreras o paseos entre coches, aunque lo hagan otros amigos.

A medida que van creciendo, cuando ya están escolarizados, hay que seguir con un discreto control de sus comportamientos y juegos; aunque su responsabilidad debe ir aumentando con  la maduración, no está de más recordarles los nuevos riesgos que se pueden encontrar en la calle, la escuela o los parques de juego, y cómo solucionarlos. Nunca dejemos de explicar las normas de tráfico y la necesidad de respetarlas.

IMPORTANCIA DEL EJEMPLO DE LOS PADRES

Con el ejemplo, los padres, cuando son constantes en el mantenimiento de normas, lograrán que éstas sean eficaces, y evitarán la incoherencia cuando otras personas les intenten llevar en otro sentido. Los hijos van a aprender más por lo que los padres hagan que por lo que los mismos digan;  los hijos están en proceso constante de aprendizaje, y no sólo en aquellos momentos en que los padres piensan que están educando.

Es fundamental animarles a hacerlo bien, motivándoles, estimulándolos, siguiendo la formación que han ido recibiendo, y felicitándoles por sus logros y su buen hacer.

 

Dr. Antonio Redondo

Pediatra. Alicante

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